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  • Fuente: Extracto literal de la web

La jerarquia en el lobo y en el perro desde las perspectiva actual y real. Y la verdadera forma de s

Veterinarios y etólogos dedicados a la investigación han evidenciado, mediante estudios científicos, que es erróneo explicar el comportamiento de nuestros perros a través de las relaciones de dominancia (porque, de hecho, tampoco sirve para explicar el comportamiento de las manadas de lobos salvajes).

Aunque sea todavía la tendencia más extendida en nuestro país, actuar como “el líder de la manada” en casa, con nuestros perros, es una idea que ya no comparte la comunidad científica dedicada al estudio del perro doméstico y del lobo. Y, además, es peligroso.

Entonces, ¿por qué empeñarnos en seguir pensando algo que ya está desbancado?

Aquí va una explicación sencilla, rápida y clara, que desmonta el mito de la dominanciatal y como la hemos entendido hasta ahora.

El lobo y el perro, primos hermanos pero no gemelos

Si bien ningún estudio científico pone hasta ahora en entredicho el parentesco entre el perro y el lobo, no podemos obviar que se trata de animales diferentes. Como tales, presentan características distintas y su comportamiento no está regido por las mismas pautas. Si así fuera, podríamos tener lobos en casa igual que tenemos perros y no notaríamos la diferencia…

Sin embargo, resulta útil observar y analizar el comportamiento del lobo para entender parte del de nuestros perros domésticos, ya que son sus descendientes en la cadena evolutiva.

Estudios llevados a cabodurante la década de los 70 determinaron la importancia de las relaciones jerárquicas en manadas de lobos en cautividad. De ahí nacieron conceptos como el de “macho Alfa” para designar al animal dominante o “líder de la manada” y se entendió que ese liderazgo se ejercía mediante la fuerza.

Inmediatamente, estos conceptos se extrapolaron al perro doméstico, dando lugar a teorías que hacían hincapié en la voluntad de nuestros perros de ostentar la posición más alta dentro de la manada (la familia en la que vivían). Y se estipuló que lo indicado era no permitírselo, utilizando la fuerza física si hacía falta.

De repente, casi todas las conductas molestas para el propietario se relacionaron directamente con la dominancia: subirse a la cama, morder muebles, tirar de la correa, gruñir a los extraños… Y se extendió la creencia de que era necesario combatir esos comportamientos utilizando métodos como tumbar al perro boca arriba e inmovilizarlo durante un rato para obligarle a adoptar una postura de sumisión ante su amo/a y explicarle así quién mandaba en el hogar.

Jerarquía y liderazgo sin fuerza ni agresión

Hoy en día se sabe que los lobos, cuando han sido estudiados en condiciones de libertad y no en cautividad, muestran una proporción muy baja (prácticamente anecdótica) de conductas agresivas hacia miembros de su propia manada. Su estructura es la de una familia, con el padre y la madre (la pareja reproductora) por encima y los cachorros de ese año y el anterior por debajo. Cada miembro ocupa su lugar en la manada (família) y raramente se producen conflictos. Existe una jerarquía, pero no se establece mediante la lucha sinó que tiene un origen afiliativo. Además, las posturas de sumisión nunca son forzadas por parte del animal más dominante sino que son adoptadas de forma natural y voluntaria. La cooperación y la cohesión del grupo resultan mucho más importantes para la supervivencia de la manada que la agresividad y la confrontación.

No se ha reportado ni un solo caso en el que un lobo revuelque a otro y le obligue a colocarse boca arriba en posición de sumisión.

En cautividad, las manadas están formadas por lobos de procedencias diversas, de manera que al romperse la unidad familiar es cuando aparecen los conflictos.

En libertad, además, los animales que se relacionan repetidamente mediante la fuerza bruta acaban siendo eliminados por selección natural ya que ese tipo de comportamiento requiere demasiada energía y supone para el animal el riesgo de resultar herido, muerto o depredado durante la disputa.

Nuestro error, pues, ha sido extrapolar la observación de manadas en cautividad al perro doméstico.

Dejando atrás la etiqueta “dominancia”

Aunque la mayoría de nuestros perros son capaces de mostrar posturas sumisas o dominantes, la expresión de esos patrones de lenguaje canino no tienen que ser confundidos con la intención de ocupar el rol de Alfa por encima de los propietarios.

Estudios científicos muestran que la mayoría de los perros que presentan “agresividad por dominancia” no hacen ejercicio suficiente, son más miedosos, más excitables y reaccionan más a los ruidos intensos. Todo esto no encaja demasiado con la imagen de Alfa, ¿verdad? Quizás, entonces, el diagnóstico de “animal agresivo por dominancia” sea en muchos casos erróneo…

Esto es así porque la agresividad tiene mucho más que ver con otros factores que con la dominancia.

Por lo tanto, quizás ha llegado ya el momento de poner en cuestión la creencia de que tenemos que dominar a nuestros perros.

Por supuesto, algunas normas de obediencia básica son recomendables y necesarias para mantener la harmonía en el hogar. La gran diferencia está en marcarlas mediante la humillación y la fuerza o mediante la disciplina, el cariño y el refuerzo positivo.

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